ARTICULOS DE LA SAGRADA BIBLIA Y LA VIDA CRISTIANA

lunedì 23 febbraio 2009

Los apóstoles laicos. Pablo, animador y maestro

62. Los apóstoles laicos. Pablo, animador y maestro

Fuente: Catholic.net
Autor: Pedro García Misiopnero Claretiano

El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008 al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que Dios regaló a la Iglesia naciente.

En las meditaciones de los lunes y miércoles realizaremos un modesto programa que pretende dar a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite a todos. Pedro García Misionero Claretiano.


_______________________________




Recordemos una anécdota interesante:

Rodeado un día el Papa San Pío X con algunos Cardenales y colaboradores del Vaticano, les preguntó medio en broma medio en serio, como hablaba tantas veces él:

- ¿Qué creen ustedes que es lo más importante para la reforma de la Iglesia?... Y los interrogados, sabiendo las aficiones y preferencias del Papa, iban respondiendo:

- La enseñanza de la Doctrina…, la renovación litúrgica…, la devoción a la Eucaristía…
El Papa movía la cabeza negativamente a cada respuesta: -¡No!..., ¡No!...

Y al fin él, serio en medio de su buen humor:
- ¿Saben ustedes qué es lo más importante? Reunir en torno a cada párroco un grupo de seglares, que tomen responsabilidad de la Iglesia, que trabajen bajo la dirección de los Pastores, y pronto tendremos una Iglesia totalmente renovada.


¿Tenía razón aquel Papa tan providencial, San Pío X?...
Era cuestión de que la Iglesia dejase de considerarse tan clerical, a la vez de que los seglares o laicos tomaran conciencia de su responsabilidad de cristianos, los cuales tienen el derecho y el deber de trabajar por el Reino de Dios, por la Iglesia de Jesucristo, por la salvación de sus hermanos.

Todo ello, con los Pastores como dirigentes, pero también con la autonomía y libertad que les confiere su condición de laicos metidos en el corazón del mundo.

Llegó el Concilio, y, con su Decreto sobre el Apostolado de los Seglares, dio el espaldarazo a tantos laicos como hoy trabajan -vamos a usar palabras de San Pablo- como verdaderos apóstoles de las Iglesias y gloria de Jesucristo (2Co 8,23)

¿Ha inventado la Iglesia algo con esto del apostolado de los laicos?

¡No, ni mucho menos! La cosa viene desde al principio.

Si miramos los Hechos de los Apóstoles, y sobre todo las cartas de San Pablo, vemos que la actividad apostólica de los seglares es tan antigua como la misma Iglesia.

Comunidades eclesiales como Antioquía -y probablemente también la de Roma-, fueron fundadas por laicos, que llevaron desde Jerusalén la Buena Nueva del Señor Jesús.
Después, enterados los Apóstoles, mandaban sus delegados, o iban ellos mismos, para confirmar lo que el Espíritu Santo se había adelantado a hacer. Los apóstoles establecían presbíteros, organizaban y daban institución a una Iglesia iniciada por seglares.

En las cartas de San Pablo tenemos ejemplos admirables de apóstoles laicos, admirados, tan queridos y elogiados por Pablo. Los vemos en todas las cartas, pero el final de los Romanos es sumamente aleccionador.
Miremos a quiénes saluda:

Les recomiendo a Febe. Recíbanla en el Señor. Asístanla en todo lo que necesite, pues ella ha sido protectora de muchos, incluso de mí mismo.
Saluden a Priscila y Áquila, colaboradores míos en Cristo Jesús, que expusieron sus cabezas por salvarme, y saluden también a la iglesia que se reúne en su casa.
Saluden a María, que ha trabajado tanto por ustedes.
Saluden a Urbano, nuestro colaborador en Cristo.
Saluden a Trifena, Trifosa y Pérside, que tanto se fatigaron y trabajaron mucho en el Señor (Ro 16,1-12).

¿Nos damos cuenta? Todos eran laicos. Y tal vez más mujeres que hombres.

El mero hecho de ser cristianos los autorizaba a colaborar con los apóstoles, obispos y presbíteros, e incluso a tomar ellos iniciativas importantes para el desarrollo de la Iglesia.

Pablo, al buscar y aceptar colaboradores, les dictaba la razón que los debía estimular:

- Miren que son miembros del Cuerpo de Cristo. Y cada miembro debe trabajar “según su actividad propia, para el crecimiento y edificación en el amor” (Ef 4,16)

Comentando esta razón de San Pablo, les dice el Concilio a los seglares:

“El que no contribuye según su propia capacidad al aumento del cuerpo debe considerarse como inútil para la iglesia y para sí mismo” (AA 2)
Pero, junto a la amenaza, el Concilio sabe animar:
“Insertos los seglares por el bautismo en el Cuerpo místico de Cristo y robustecidos por la confirmación, es el mismo Señor quien los destina al apostolado” (AA 3)

Aunque nos podemos preguntar: ¿Con qué auxilios cuenta el laico para el apostolado? ¿Qué gracia les da Dios?

Aquí vienen ahora los “carismas” del Espíritu Santo, el cual los reparte abundantes entre los laicos, hijos de la Iglesia, para que se entreguen a ella con generosidad, competencia, celo apostólico, y puedan hacer las maravillas que tantas veces nos toca contemplar.

El apóstol San Pablo es en esto el gran maestro. En las cartas a los Romanos (12,6-8), a los de Corinto (1ª, 12 y 14) y a los de Éfeso (4,11), enumera unas listas de carismas o dones del Espíritu Santo que nos dejan pasmados.
No todos los laicos valen para todos los apostolados, pero todos, hasta los más humildes, pueden ejercer ministerios valiosísimos. Pablo viene a decir a cada uno:

Tú, que sabes hablar, exhorta, predica, consuela. Haz de profeta.
Tú, que sabes instruir, trabaja como catequista.
Tú, doctor que dominas la doctrina del Señor, enseña con competencia.
Tú, que tienes tan buen corazón, dedícate a obras de misericordia con los necesitados.
Tú, tan diestro en oficios, sirve a la Iglesia en cosas materiales, a veces muy humildes.
Tú, inquieto siempre, propaga el Evangelio, habla, no te calles.
Tú, escritor y propagandista, difunde la Fe por “los medios”.
Tú, que eres líder por naturaleza, ponte al frente de los jóvenes inquietos y llévalos a todos al Señor.

Pablo puede seguir señalando con el dedo a cada uno y diciéndole lo que es capaz de hacer por el Señor en su Iglesia. Sus palabras son estimulantes:

“Teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, los hemos de ejercitar en la medida de nuestra fe”

Entre las grandes gracias de Dios a su Iglesia en los tiempos modernos, resalta como ninguna la conciencia despertada en los laicos sobre su responsabilidad en el apostolado, conforme a la intuición de aquel Papa tan clarividente.

Sabemos lo que San Pablo hizo en Éfeso por medio de sus colaboradores -laicos en su inmensa mayoría-, con los cuales llenó del Evangelio toda la Provincia romana del Asia.
Y nos podemos preguntar: ¿Pensamos que los católicos seglares de hoy no pueden realizar maravillas semejantes?... Las pueden hacer, y las están haciendo.




Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección.
Y en www.evangelicemos.net


Preguntas o comentarios al autor P. Pedro García Cmf






--------------------------------------------------------------------------------
Catholic.net

La soledad compañera de la vida


La soledad compañera de la vida

Fuente: Catholic.net
Autor: Ma Esther De Ariño



La soledad es un sentimiento que nos llena el alma de un silencio frío y oscuro si no la sabemos encauzar. Hay rostros surcados de arrugas, de piel marchita, de labios sin frescura, de ojos empequeñecidos, turbios y apagados que nos hablan por si solos de la soledad. Si sus voces nos llegaran nos dirían de su cansancio, de su miedo, pero sobre todo de su soledad....

Pero no hace falta que seamos ancianos para que en la vida nos acompañe la soledad.

La soledad del sacerdote, aún los más jóvenes, con sus votos de obediencia, pobreza y castidad, pero a veces es más dura la soledad de su propio corazón, que aunque ayudado por la Gracia de Dios no deja de ser humano. Tienen que consolar a los seres que llegan hasta ellos con sus penas, con sus problemas pero su corazón no puede aferrarse a ninguna criatura de la tierra y a veces se sienten solos, muy solos, tan solo acompañados de una gran soledad

La soledad en la adolescencia, duele profundamente por nueva, por incomprensible...Los padres se están divorciando, se quiere a los dos, se necesita a los dos, pero para ellos parece que no existe ese ser que no acaba de comprender y que está muy solo. Ellos tienen sus pleitos, su mal humor. La mamá siempre llorando, el papá alzando la voz... para él nada... tal vez sientan hasta que haya nacido. Si se divorcian será un problema ¿Qué será de él?¡Qué gran soledad, qué amarga soledad!

Las monjas misioneras, los misioneros, lejos de sus seres queridos y en tierras extrañas.

Y la soledad en algunos matrimonios, esa soledad que ahoga, que asfixia...que como dice el poeta: "es más grande la soledad de dos en compañía". El hombre de grandes negocios, empresario importante, magnate en la sociedad que parece que lo tiene todo pero que en el fondo vive una gran soledad.

La soledad de las grandes luminarias siempre rodeadas de personas y siempre solas... Las esposas de los pilotos, de los marinos, de los médicos, saben de una gran soledad y ellos a su vez, en medio del cumplimiento del deber, también están solos. La soledad de las personas que han perdido al compañero o compañera de su vida, ese quedarse como partido en dos porque falta la otra mitad, ese no saber cómo vivir esas horas, ahora tan vacías, tan tristes, tan solas...

Si no convertimos esa soledad en compañía para otros seres quizá, más solos aún que nosotros mismos, si no llenamos ese vacío y esas horas con el fuego de nuestro amor para los que nos rodean y nos necesitan, esa soledad acabará por aniquilarnos, ahogándonos en el pozo de las más profunda depresión.

En realidad todos los seres humanos estamos solos. La soledad está en nuestras vidas pero hay que saber amarla. Si le tenemos miedo, si no la amamos y no aprendemos a vivir con ella, ella nos destruirá. Si le sabemos dar su verdadero sentido, ella nos enriquecerá y será la compañera perfecta para nuestro espíritu. Con ella podremos entrar en nuestra alma, con ella podremos hablar con nuestros más íntimos sentimientos.

Ella nos ayudará, ella, la soledad bien amada y deseada a veces, nos llevará al encuentro de nuestra propia identidad y luego al mejor conocimiento de Dios, que llenará nuestras vidas porque El es todo amor.





Preguntas o comentarios al autor Ma. Esther de Ariño









--------------------------------------------------------------------------------
Catholic.net busca

¿Qué celebras tú el 14 de febrero?



¿Qué celebras tú el 14 de febrero?

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Mariano de Blas LC



El 14 de febrero se celebra el día del amor y la amistad. Lástima que una realidad tan hermosa se haya denigrado tanto. Porque hoy se llama amor a cosas sublimes y a cosas denigrantes. ¿Qué celebras tú el 14 de febrero?

Hay que rescatar el amor, ese valor maravilloso que existe en el mundo. Rescatar el verdadero amor en tantos noviazgos. Rescatar el auténtico amor en los esposos. Un amor que dure, que resista, que no se rompa con el paso del tiempo.

Y digo rescatar, porque se mezcla la perla con el barro, el egoísmo con el más puro amor. Y unos se quedan con el barro y otros se quedan con el amor. Por ello, hay que separar el oro del barro, hay que purificarlo. Porque el día que perdamos el amor, el día que no haya amor en la tierra, estaremos totalmente perdidos.

Todo depende de la fuente de ese amor, el corazón. Nadie da lo que no tiene. Si el corazón es limpio, si el corazón es puro, si el corazón está sano, el amor que de él proceda será auténtica perla, auténtico amor. Si el corazón está podrido, no podemos pedir que brote de él un amor auténtico sino puro egoísmo.

Preguntémonos: ¿Qué clase de amor es el que hay en nuestro corazón?

¿Dónde está el verdadero amor? Que me lleven allí, o me muero.




Preguntas o comentarios al autor P. Mariano de Blas LC








--------------------------------------------------------------------------------
Catholic.net

El signo universal de la Cruz


El signo universal de la Cruz

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual LC


La Cruz es un signo clave para todos los cristianos y para tantos hombres y mujeres de buena voluntad. Es más que un signo, porque encierra un mensaje universal, perenne, necesario para los corazones.

“La señal de la Cruz es de alguna forma el compendio de nuestra fe, porque nos dice cuánto nos ha amado Dios; nos dice que, en el mundo, hay un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras debilidades y pecados” (Benedicto XVI, Lourdes, 14 de septiembre de 2008).

Por eso la Cruz se ha convertido en un símbolo imprescindible. Porque Cristo murió en una Cruz para ofrecer a todos, sin discriminaciones, su Amor, su misericordia, su perdón.

La Cruz nos dice que el amor es más fuerte que el mal, que es posible la salvación. Ese fue uno de los mensajes de las apariciones de Lourdes: la invitación de la Virgen María “a todos los hombres de buena voluntad, a todos los que sufren en su corazón o en su cuerpo, a levantar los ojos hacia la Cruz de Jesús para encontrar en ella la fuente de la vida, la fuente de la salvación” (Benedicto XVI, Lourdes, 14 de septiembre de 2008).

En medio del debate suscitado por algunos que desean quitar cualquier cruz en los lugares públicos (escuelas, tribunales, parlamentos, despachos del gobierno), los creyentes necesitamos descubrir el verdadero significado de ese signo.

Tal vez Dios permite esa fobia, ese deseo de eliminar un signo universal, para sacudir nuestra rutina y para avivar nuestro corazón al contemplar a Jesús, el Inocente, clavado en un madero. Podremos, entonces, gritar y testimoniar, con nuestra vida y con nuestra esperanza, un mensaje que es para todos, que no debemos esconder en las sacristías ni en los hogares.

Vale la pena recordar, desde el dolor que produce ver a seres humanos insensibles ante el mensaje universal de la Cruz, estas palabras del Papa Benedicto XVI en su visita a Lourdes:

“Volvamos nuestras miradas hacia Cristo. Él nos hará libres para amar como Él nos ama y para construir un mundo reconciliado. Porque, con esta Cruz, Jesús cargó el peso de todos los sufrimientos e injusticias de nuestra humanidad. Él ha cargado las humillaciones y discriminaciones, las torturas sufridas en numerosas regiones del mundo por muchos hermanos y hermanas nuestros por amor a Cristo”.



Preguntas o comentarios al autor P. Fernando Pascual LC











--------------------------------------------------------------------------------
Catholic.net

Una hostia con Cristo. Esto es la vida del cristiano

61. Una hostia con Cristo. Esto es la vida del cristiano

Fuente: Catholic.net
Autor: Pedro García Misionero Claretiano


El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008 al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que Dios regaló a la Iglesia naciente.

En las meditaciones de los lunes y miércoles realizaremos un modesto programa que pretende dar a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite a todos. Pedro García Misionero Claretiano.


_______________________________


Antes de acudir a San Pablo, hoy vamos a llegarnos al Antiguo Testamento para ver lo que era el culto de los judíos, y que el mismo Pablo, judío tan riguroso, había practicado con fidelidad edificante.

El culto judío se fundamentaba, ante todo, en los sacrificios, los cuales, según la Biblia, eran innumerables. Lo prescribía el mismo Dios, que había ordenado por Moisés: “Nadie se presentará delante de mí con las manos vacías” (Ex 23,15)

Obedecía esta ley a la costumbre social de los pueblos orientales. El inferior lo hacía con el superior para demostrarle su reconocimiento: el pobre con el rico, el inferior con el superior, el ciudadano con el rey. Mostraban con ello respeto y sumisión, a la vez que lo empleaban para conseguir favores.

Pues bien, los sacrificios en Israel eran múltiples y continuos: para alabar a Dios, para darle gracias, para implorar su perdón, para pedirle favores. Se le podían ofrecer a Dios objetos de oro y plata, otros bienes materiales, y más comúnmente los frutos del campo. Pero se le ofrecían sobre todo animales domésticos en cantidades ingentes.

Dios aceptaba el sacrificio complacido, según esas expresiones bíblicas: “como perfume agradable”, “en olor de suavidad” y otras semejantes.

Ahora bien, llegó un momento en el que los sacrificios desaparecieron. ¿Cuándo?...

Para Israel, cuando fue destruido definitivamente el Templo de Jerusalén con su altar, y se extinguió además el sacerdocio levítico.

Para los cristianos, antes todavía. Cuando Jesucristo se ofreció Él mismo en sacrificio sobre el altar de la cruz, de una vez para siempre, y acabó con todos los sacrificios de la Antigua Alianza.

Jesucristo dejó únicamente para su Iglesia el único sacrificio del Calvario renovado, actualizado, hecho presente en la Eucaristía, la cual es el mismo e idéntico sacrificio de la Última Cena y de la Cruz.

¿A qué viene todo esto, que parece una lección de Biblia? Sólo a comentar una palabra de San Pablo. Desaparecieron los sacrificios del pueblo judío.

Pero no desapareció lo que es el UNICO sacrificio de la Iglesia: la Eucaristía, el mismo sacrificio de Jesús en el Calvario, al cual se añade, mejor dicho, con el cual se ofrece el sacrificio de cada cristiano que se entrega a Dios junto con Jesucristo.

A Dios le agradaban los sacrificios de Israel, ofrecidos con piedad, como dice el salmo:
“Tus sacrificios los tengo siempre delante de mis ojos” (Sal 48,8)

Pero esos sacrificios no iban a durar para siempre, como dijo el profeta cuando empezó a degradarse el culto:

“No me gusta ni me agrada la oblación que me traen. De levante hasta poniente es gran-de mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrecerán a mi Nombre sacrificios y oblaciones puras, pues santo es mi Nombre entre las naciones, dice Yahvé Dios de los ejércitos” (Ml 1,10-11)


Pablo tenía muy presente el sacrificio de Jesús en la Cruz y su renovación en la Eucarist-ía, y viene ahora con una palabra preciosa para todo cristiano:

“Les exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; tal será su culto espiritual” (Ro 12,1)

Pero al decir Pablo “ofrézcanse ustedes mismos”, ¿a qué se refiere? A todos los actos de la vida, que quedan convertidos en “buenos, agradables, perfectos”.

Unido al sacrificio de Jesucristo, renovado en el altar, el cristiano tiene conciencia de que lo suyo es del mismo Jesucristo, que forma una sola oblación, y que es, por lo mismo, ese “sacrificio espiritual agradable a Dios” de que habla San Pablo.

San Pablo parece que alude a esto cuando escribe a los de Corinto aquellas palabras refe-ridas a la vida de cada día: “Echen fuera la levadura vieja, el fermento de todo pecado. Sean masa nueva, panes ázimos, completamente puros” (1Co 5,7)

¿Para qué pensar en otros sacrificios? El de la propia persona es el que interesa.
Aquellos sacrificios antiguos de la Biblia en tanto eran agradables a Dios en cuanto eran de animales puros, es decir, sin defectos que los hicieran poco presentables. A nadie se le ocurría ir al altar con un cordero cojo o un becerro con el cuerno roto. El sacerdote de la Ley lo hubiera rechazado sin más y lo hubiera tomado como una inju-ria a Dios.

Por eso Pablo, al hablar de la vida cristiana como sacrificio espiritual y agradable a Dios, lo primero que exige es una conducta sin tacha:

“Miren su vida anterior, y quiten de ella todo lo que signifique hombre viejo, que se co-rrompe con las malas pasiones…

“Que desaparezca de ustedes toda amargura, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, impureza y codicia, que ni deben mencionarse entre ustedes”…

Y pide, por el contrario, el pan ázimo de una vida intachable:

“Al revés, revístanse del Hombre Nuevo, hecho de justicia y santidad, siendo amables con todos, compasivos, generosos…
“Y vivan como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros como hostia y víctima de suave aroma” (Ef 4, 22-23, 31-32; 5,2-3)

Esto es para Pablo ser una hostia con Cristo.Ninguna maldad que empañe la jornada. Toda obra buena en el proceder de cada día.

¿En qué se convierte la vida entonces? ¿En triste?... Solamente un desaprensivo podría decirlo.
El Espíritu Santo, que ha santificado esa hostia del cristiano -igual que santifica el pan y el vino que se ponen en el altar-, hace que la vida sea amor, alegría, paz… (Gal 5,22)

En todo sacrificio había una víctima que quedaba destrozada. Pero, quemada sobre el altar, se convertía en aroma suave, que llegaba a hacer las delicias de todo un Dios… Como las hace el cristiano y la cristiana cuando con Jesucristo se consumen en el Altar…



Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección.
Y en www.evangelicemos.net


Preguntas o comentarios al autor P. Pedro García Cmf






--------------------------------------------------------------------------------
Catholic.net

María Santísima y los “cireneos del alma”

María Santísima y los “cireneos del alma”

Fuente: Catholic.net
Autor: María Susana Ratero



Hoy llego hasta ti, Madre mía, agobiada por el peso de mi cruz. Los ojos de mi alma, nublados por el llanto, no alcanzan a ver caminos ni salidas.

Es como, si de repente, el sendero fuese cuesta arriba, escarpado el terreno y pesada la carga. Me he caído muchas veces, Madre, bajo el peso del dolor, la tristeza o la soledad. Y siempre vi tu mano extendida, para levantarme.

Pero esta vez… esta vez no veo, Madre… esta vez vengo a tus pies y ni siquiera sé que pedirte. Pero es grande la confianza en que tú sabes, mejor que yo, lo que necesita mi alma.

- Necesitas un cireneo, hija, un cireneo del alma…

El perfume de los jazmines que rodean tu imagen en la Parroquia, me inunda el alma.

- ¿Un cireneo, dices? Pero ¿Quién es? ¿Dónde lo encuentro?- y tu Corazón invita al mío a llegar, desde las Escrituras, a conocer a Simón de Cirene:
En ese momento, un tal Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, volvía del campo; los soldados le obligaron a que llevara la cruz de Jesús Mc 15,21

Tus ojos, tristísimos, ven caminar a Jesús, sufriendo bajo el peso de la cruz, bajo el peso de mis pecados. Le consuelas con tu silencio, con tu entrega, pero tu corazón es un grito: “Padre mío, ¿Porqué le has abandonado?” En ese momento los soldados se detienen a la vista de Simón de Cirene, a quien la Iglesia se referirá más tarde como “el cireneo”, y le obligan a llevar la cruz de Jesús.

- Explícame Madre, lo que debo aprender del cireneo-te pregunto entregándote mi dolor, para que saques de él enseñanza y camino.
Volvemos a los jazmines perfumados de la Parroquia.

- Verás, hija- y te quedas cerca de las flores, que ya no están orgullosas de su aroma, porque el tuyo es infinitamente más bello- Cuando apareció ese hombre, camino del Calvario, sentí que era una respuesta a mis oraciones. Cuando él volvía del campo nunca imaginó que su retorno quedaría grabado en tantos corazones. Que su figura inspiraría luego muchas acciones generosas ¿Comprendes, hija?

- Algo, Madre, te pido la gracia de comprender mejor.

- El cireneo sigue, cada día, volviendo de su trabajo a su casa y encontrando a Jesús sufriente. En aquel día le obligaron a llevar la cruz, pero ahora ha comprendido que puede hacerlo voluntariamente.

- ¿Cómo es eso, Madrecita?

- Simón de Cirene te enseña que, cuando ayudas por obligación, sin estar muy convencida de tu acción, el dolor ajeno te es pesado de llevar. Avanzas lento y tienes tus dos manos ocupadas y no puedes extender una al hermano. Cuando devuelves la carga, el hermano siente un sabor amargo… Pero cuando eres cireneo por amor, cuando decides ayudar aunque sea un pequeño trecho, la carga es más liviana y te queda una mano libre para sostener al hermano, y avanzan juntos. Y cuando le devuelves su carga, ésta le resulta más liviana a tu hermano, porque el amor, hija, alivia las cargas y las deja perfumadas de dulces recuerdos.

- Entonces ¿Tú pides al Padre un cireneo para nosotros?

- A cada instante, hija, a cada instante. Y el Padre me deja escogerlos. Así, busco corazones generosos y los pongo en el camino de un hijo que sufre.

- ¡Claro, así nos alivias!

Pero se te pone triste la mirada y susurras:

- No siempre, hija, no siempre. Yo pongo un cireneo en el camino del que sufre, pero respeto su libertad. Cada “cireneo” que yo escojo es libre de aceptar o no. Todos mis hijos caminan en este “valle de lágrimas” con su mochila de soledad, tristeza, miseria… pero también, todos mis hijos fueron, alguna vez, invitados a ser cireneos.

Me quedo en silencio y mis lágrimas mojan el recuerdo de todas las veces que pasé de largo, que no quise, no pude o no supe ser cireneo.

- Te suplico, Madre, envíes muchos cireneos a aquellos hermanos para los cuales no tuve ni una sonrisa, ni una palabra, ni siquiera un mate para compartir…Y por tu gran Misericordia, mándame también uno a mi.

- Del dolor se aprende, hija. Pero dime ¿Crees que no te he mandado un cireneo?

Una señora enciende las luces que rodean tu imagen y siento que se me ilumina el alma:

- Dame tu mano, Madre, y ayúdame a ver los cireneos.

Y te vienes conmigo por el valle de mis recuerdos. Los cercanos y los lejanos. De tu mano veo gestos, miradas, palabras hechas racimo en bellas cartas…. “cireneos” que antes no vi. Siempre estuvieron allí, solo que yo, cegada por mi propia visión de la realidad, no supe verlos. Y se quedaron con las manos extendidas para ayudarme y me suavizaron el camino con su cariño, sus palabras, sus pequeños gestos, que ahora, a la distancia, veo en su real grandeza.

Ya es la hora de la Misa. Mi corazón se trepa hasta tu imagen y besa tus manos juntas y tus mejillas suaves. Me cubres con tu manto y el abrazo es infinito.

Para despedirte, dices:

- De todos los cireneos que viste en tu vida, no me has nombrado al más importante- y corres presurosa al Sagrario y abrazas a Jesús, que se desangra en esperas.

- ¡Madre! ¡Oh Madre!- Y me quedo sin palabras al descubrir que Jesús es el cireneo perfecto.
Si. Jesús estira sus brazos desde el Sagrario y me asegura: “Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón y sus almas encontrarán descanso” Mt 11,28-29.





NOTA de la autora: "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna."





Preguntas o comentarios al autor María Susana Ratero.








--------------------------------------------------------------------------------
Catholic.net

Los Judíos. Gloria, caída y esperanza del gran pueblo

60. Los Judíos. Gloria, caída y esperanza del gran pueblo

Fuente: Catholic.net
Autor: Pedro García Misionero Claretiano



El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008 al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que Dios regaló a la Iglesia naciente.

En las meditaciones de los lunes y miércoles realizaremos un modesto programa que pretende dar a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite a todos. Pedro García Misionero Claretiano.


______________________________



Esa Carta a los Romanos, que nos entusiasma, llega a convertirse en una tragedia dolorosa cuando exclama Pablo:

¡Los judíos! ¡Mis queridos hermanos los judíos! ¡Los hijos de mi pueblo que no aceptan a Jesús, al Cristo que Dios había prometido a nuestros padres!... No me importaría nada convertirme en un maldito a trueque de que ellos se salven. ¡Los judíos, mis queridos paisanos los judíos!...

Esto lo dice Pablo con el corazón deshecho al principio de los capítulos 9, 10 y 11 de la carta a los Romanos. Aunque al fin exclamará lleno de esperanza y con seguridad absoluta:

¡Dios no ha rechazado a su pueblo, que no ha tropezado para quedar caído por siempre!. ¡Su endurecimiento es sólo parcial, pues llegará un momento en que todo Israel será salvo!

Sabemos muy bien lo que es el pueblo judío. Un pueblo privilegiado. Un pueblo de grandes genios. Un pueblo de enorme influencia en el mundo de todos los tiempos.

Pero, por elogios que nosotros queramos tributar al pueblo judío, no lo haremos mejor que Pablo. Miremos lo que nos dice.
Son israelitas, linaje glorioso de Jacob, el fuerte que luchó con Dios…

Dios llama a Israel “mi hijo primogénito”, el pueblo predilecto… En el Arca manifestaba Dios su “gloria”, es decir, su presencia en medio del pueblo... Dios había pactado con Abraham, los patriarcas y con Moisés, “alianzas” perpetuas…

Tenían una Ley, Constitución del pueblo, que lo convertía en un Estado teocrático, con Dios como único Jefe…

Israel mantenía en el Templo un culto digno de Dios, frente a las aberraciones paganas…
La “Promesa” hecha por Dios a Abraham era un privilegio único: por el pueblo judío vendría la salvación a todo el mundo…
Promesa mantenida después a Isaac, Jacob y David… Los padres del pueblo, los que llamamos Patriarcas, constituían una gloria muy grande.

Pero, claro está, la gloria suprema, inigualable, única, del pueblo judío es Cristo Jesús, el Mesías, el Salvador, el Rey inmortal de los siglos. Jesús, el Hijo de Dios, se hace Hombre al tomar su carne en el seno virginal de una Mujer judía.
Y ese Hombre judío que es Jesús, hace exclamar a Pablo con entusiasmo inusitado:
“De ellos, de los judíos, procede Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, y es Dios bendito por los siglos. Amén”.

Aquí tenemos el espléndido palmarés de las gloria de los judíos descrito por Pablo, orgulloso de su pueblo (Ro 9,1-5)

En el plan de Dios, el pueblo judío, Israel, era el primer destinatario de la salvación prometida. Pero, ¿qué ocurrió al venir Jesús?...

Había en el pueblo una buena parte sencilla, creyente de verdad, llamados “los pobres de Yahvé”, que esperaban con puro corazón la salvación de Dios.

Pero había otra parte, que era la de los dirigentes, con muy mala disposición.

Los sumos sacerdotes apegados a sus privilegios.

Los politiqueros herodianos aliados de Roma.

Los del partido saduceo, materialistas y poco creyentes.

Los escribas o letrados que habían recargado la Ley con prescripciones insoportables.

Entre los fariseos, aunque había muchos buenos y fieles a Dios, la mayoría, junto con los escribas, habían llevado su fanatismo a extremos que hacían imposible la guarda de la Ley.

Además, por una falsa apreciación de las Sagradas Escrituras, pensaban todos en un Mesías sociopolítico, que sujetaría las naciones bajo el mando de Israel.

Jesús, con su predicación y actitud, fue rechazado por los dirigentes del pueblo y entregado a la autoridad romana para terminar en la cruz.
A Jesús le dolía tanto la obstinación de los jefes del pueblo, que lloró sobre Jerusalén, al prever la catástrofe que le venía encima por no reconocerlo como su Cristo (Lc 19,41-44; Mt 23, 37-39)

Jesús, con su doctrina, con sus milagros, con su amor, hizo hasta los imposibles para ganarse a Jerusalén, pero no hubo manera, de modo que dijo al llorar sobre la ciudad:
“¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a los pollos bajo sus alas, y no has querido!”…

Sin embargo, a pesar de la obstinación de los dirigentes, Dios seguía fiel a su promesa. Jesús fue el primero en decir que esa promesa se mantenía firme y que un día los judíos le reconocerán como el Cristo de Dios:

“No me verán hasta que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.

Predicado Jesús por los apóstoles, testigos del Resucitado, los dirigentes siguieron negando a Jesús y arrastraron al pueblo a la incredulidad. Pero permanecía fiel una parte del pueblo, llamada por la Biblia “El Resto”, el grupo de creyentes que formaron la primitiva Iglesia.

¿Qué nos dice ahora Pablo?
Ante todo, que Dios no ha abandonado a su pueblo (11, 1-32) Y Pablo nos lo dice con palabras vigorosas:

“¿Ha rechazado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! Y la prueba la tienen en que yo soy israelita, del linaje de Abraham, de la tribu de Benjamín. ¡Dios no ha rechazado a su pueblo!... Los judíos han caído, pero no para siempre… ¡Hay que ver lo que serán cuando entren de lleno!... En cuanto al Evangelio, ahora se muestran enemigos; pero son muy amados de Dios como elegidos suyos. Porque los dones y la elección de Dios son irrevocables”

Al rechazar los judíos la Buena Nueva, el Evangelio pasó a los pueblos gentiles; pero un día reconocerá Israel en Jesús a su Mesías, al Cristo, y se le entregará con verdadera pasión.

Pablo usa una bella comparación campesina.
Israel era el árbol hermoso plantado en el mundo por Dios. Cayeron muchas ramas que se secaron, y entonces se injertaron unas nuevas que eran los paganos. Pero el tronco, judío, no se secó.
La raíz sigue viva, y un día llegará a vigorizar toda la planta. Y entonces, ¡qué árbol tan frondoso y bello será la Iglesia entera, formada por el pueblo judío, el primer elegido, y por todos los demás pueblos de la Tierra!

Dios tiene trazado su proyecto, sabio y lleno de amor, al que nosotros aportamos humildemente nuestra oración, que siempre es escuchada.

Ante estas realidades, ¡qué insensato resulta el antisemitismo de todos los tiempos!

¡Mientras que es tan bello y consolador el soñar en el abrazo que Israel recibirá de todas las gentes redimidas por Jesús!

Entonces el mundo reconocerá y agradecerá al pueblo judío -y se lo agradecemos también ahora-, el habernos dado a Jesucristo, nuestro adorado Redentor…




Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección.
Y en www.evangelicemos.net


Preguntas o comentarios al autor P. Pedro García Cmf









--------------------------------------------------------------------------------
Catholic.net