¿Hacer más o hacer mejor?
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual LC
La eficiencia, en ocasiones, nos obsesiona. Queremos rendir más, aprovechar a fondo el tiempo, atender varios asuntos a la vez, conquistar metas y más metas.
Al final del día podemos sentirnos satisfechos al recordar que hemos hecho “muchas cosas”. La enumeración empieza con el excelente editorial que leímos por la mañana, el desayuno consumido en menos tiempo, la llegada a tiempo al trabajo, el haber terminado 15 asuntos pendientes, el haber respondido a más de 30 mensajes del correo electrónico, y un largo etcétera de pequeñas, medianas o grandes realizaciones.
Pero si vamos más a fondo, ¿estamos de verdad satisfechos? Hemos hecho muchas cosas, hemos rendido más de lo ordinario, hemos tenido un día “lleno”. ¿Basta eso o quedó algo pendiente, dejé de lado otras “cosas” mucho más importantes?
Es posible vivir con la agenda repleta de compromisos y con un gran vacío en el corazón. Quizá ocurre eso porque la avalancha de actividades nos ha alejado de lo más importante, porque hemos perdido la brújula y no sabíamos exactamente hacia dónde queríamos llegar.
No podemos recorrer el camino de la vida bajo un frenesí de acciones y bajo un esfuerzo, casi titánico, por llevar a cabo miles de cosas que nos dispersan y que nos esclavizan.
Hemos sido creados para algo mucho más grande, más noble, más profundo, más hermoso. La verdadera vocación del hombre está no en el hacer, sino en el amar.
Juan Pablo II lo explicaba con estas palabras: “El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente” (Redemptor hominis, n. 10).
Nuestra plenitud no está en la técnica, ni en la televisión, ni en internet, ni en los crucigramas, ni en la conquista de una buena forma física, ni en la dieta, ni en la lectura de novelas apasionantes o de libros de ciencia. Nuestra plenitud está en aprender a vivir según nuestra naturaleza íntima, profunda: según el plan de Dios, que nos hizo por amor y nos invita cada día a amar.
La pregunta que deberíamos formular al acostarnos no es si hice más, sino sencillamente si hice mejor, si hice bien, si hice con amor, si hice para amar.
No vale la pena hacer miles de cosas. Hay una única cosa importante: “Sólo vale la pena el amor, que es lo que hace posible la eternidad” (José María Pérez Lozano).
Preguntas o comentarios al autor P. Fernando Pascual LC
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Catholic.net
ARTICULOS DE LA SAGRADA BIBLIA Y LA VIDA CRISTIANA
lunedì 9 febbraio 2009
María, la Virgen pura

María, la Virgen pura
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Marcelino de Andrés L.C
Siempre me ha hecho reflexionar mucho aquella bienaventuranza de Cristo:
Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios.
¿Qué tendrá que ver la pureza con la vista? Desde luego, con la vista corporal quizá no tenga que ver apenas nada. Pero seguramente mucho con la vista espiritual. Porque está claro que a Dios no se le puede ver con los ojos de la carne, pero sí con los del espíritu, con los del corazón, que son la fe y el amor. Sólo cuando el alma es pura y cristalina está en condiciones de poder ver y contemplar a Dios. Sólo en un corazón puro -escribía San Agustín- existen los ojos con que puede Dios ser visto.
Me imagino que Cristo al formular esta bienaventuranza tenía en mente a su Madre. Ella era la creatura más pura que jamás ha existido y existirá. El corazón de María era como un mar de gracia profundo, cristalino y transparente. Nadie como Ella de pura.
Bien lo dijo San Ambrosio: Quién es más noble que la madre de Dios? ¿Quién más espléndida que aquella que fue elegida por el mismo Esplendor? ¿Quién más pura que la que generó una creatura sin contacto físico alguno? Ella era virgen pura no sólo en el cuerpo, sino también en el alma.
Se ha dicho siempre que los ojos son las ventanas del alma. Es cierto. A través de ellos se puede mirar al interior de otra persona. Por eso, mirando a los ojos a María podremos ver y apreciar la pureza inmaculada de su alma.
Los ojos de María. ¡Quién pudiera haberlos visto realmente tan siquiera una vez, aunque fuera por un instante! Sólo a algunos privilegiados les tocó. Nosotros hemos de contentarnos con verlos desde la fe o con soltar un poco nuestra imaginación para hacernos una idea de cómo eran.
Los ojos de María.
Ojos hermosos, agradables, con esa belleza natural que no necesita de mejunjes ni postizos para ser encantadores.
Ojos sencillos, de esos que no saben mirar a los demás desde arriba.
Ojos bondadosos, que nunca se han desfigurado con guiños de ira o de odio.
Ojos sinceros, que no han aprendido a mentir; testigos de un interior sin sombra de doblez.
Ojos atentos a las necesidades ajenas y distraídos para fijarse y molestarse por sus defectos.
Ojos comprensivos y misericordiosos que, ante pecadores y malhechores, se transforman en manos abiertas que ofrecen la gracia a raudales.
Como los describen aquellos en versos de Pemán: A Tus ojos, luz de aurora / sobre el desierto frío. / Tu mirada, rocío / sobre la dura arcilla pecadora. Esos ojos cuya mirada Judas evitó al salir del cenáculo la noche de la traición... Esa misma mirada que a Dimas, en el Calvario, llevó a la conversión y al paraíso...
Ojos de mujer que reflejan nítidamente un alma preciosa, adornada de humildad, de bondad, se sinceridad, caridad, de comprensión y misericordia. Los ojos de María. Los ojos de un alma en gracia. Verdaderas ventanas al cielo. Porque cielo era toda su alma.
Ojos que pueden llorar y cuyas lágrimas al caer en la tierra, obran portentos también en el cielo. Bien comprendió esto aquel poeta que le rezaba a la Virgen: Tus lágrimas son las perlas / que compran mi salvación. / Jesús me perdona al verlas. / Son sangre del corazón / que se derrama al verterlas. Y es que de unos ojos así sólo pueden salir lágrimas cargadas de la omnipotencia del amor de quien es Madre de Dios y mediadora de toda gracia.
Los ojos de María, cuya penetrante y dulce mirada todo lo puede. Cuántos indiferentes se han visto interpelados por el brillo de pureza de esos ojos inocentes. Cuántos orgullosos han caído rendidos a sus plantas, desarmados por la mansedumbre que traslucen sus pupilas. Cuántos ánimos frágiles ante el mal se han armado de bravura y han vencido al tentador al recordar que Ella les miraba.
Cuántas veces la sola mirada de María fue sin duda bálsamo sobre el desgarrado corazón de algún vecino atribulado. Cuántas fue fuente de paz y consuelo que barrió de angustias el interior de algún contrariado pariente. Cuántas, esos luceros de su rostro, fueron luz cálida, manto que arropó de piedad e intercesión las almas atenazadas por el frío del pecado. Y cuántas siguen siendo aún todo eso y más para muchos de nosotros.
El ver las estrellas / me cause enojos, / pero vuestros ojos /más lucen que ellas, escribió con tino Lope de Vega. Es sumamente consolador saber que tendremos toda la eternidad para contemplar, sin cansancio ni aburrimiento, los hermosos ojos de María. Asomarse a ellos es asomarse a la maravilla más excelsa salida de las manos de Dios.
María fue su obra maestra. En Ella el Creador se lució. Ella es, en palabras de Pio IX, Aun inefable milagro de Dios; es más, es el más alto de todos los milagros y digna Madre de Dios. Pablo VI la describe como Ala mujer vestida de sol, en la que los rayos purísimos de la belleza humana se encuentran con los sobrehumanos, pero accesibles, de la belleza sobrenatural. Sin embargo, no hay que esperar a llegar al cielo para recrearnos en su contemplación.
Podemos desde ahora, con la fe, mirar sus ojos y sostener su mirada portentosa.
Pero me temo que muchos de nosotros somos incapaces de sostener una mirada tan luminosa. Nos molesta el chorro de luz que el alma pura de María despide a través de sus ojos y de todo su ser. Nuestras pupilas, tan acostumbradas quizá a las oscuridades de la impureza y del pecado, no soportan semejante claridad. A lo mejor no queremos que esa mirada materna desenmascare y purifique nuestra alma llena de barro. Porque no estamos dispuestos a dejar que en ella penetre la gracia de Dios y la limpie y la ordene y la santifique.
Todo eso cuesta mucho. El precio de la pureza es elevado, sólo las almas ricas pueden pagarlo. Ricas en amor, en generosidad, en desprendimiento de sí y de los placeres desordenados.
Sólo esas almas disfrutarán ya en la tierra del gozo espiritual incomparablemente más sublime, profundo y duradero que el más refinado placer corporal. Sólo ellas experimentarán la libertad interior del que no está encadenado por los instintos del cuerpo. Y sólo ellas gozarán de la bienaventuranza de la visión de Dios por toda la eternidad.
María ha sido la creatura más pura y por eso también la más auténticamente feliz y satisfecha, la más libre de espíritu, la mejor dispuesta para ver a Dios y saborear esa deliciosa visión con una intensidad inigualable.
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Catholic.net
venerdì 6 febbraio 2009
Siguen llegando muchos testimonios verdaderamente impresionantes de usuarios de Catholic.net.
Muy querido/a amigo/a de Catholic.net:
Siguen llegando muchos testimonios verdaderamente impresionantes de usuarios de Catholic.net.
Creemos que compartir los testimonios que recibimos es una buena forma de que podamos sentirnos, cada vez más, parte de la "familia de Catholic.net".
A continuación presentamos algunos testimonios más.
Si usted ya se ha apuntado a la campaña de recogida de fondos enviando su donativo, permítanos que le demos las gracias de nuestra parte y de la de todos los usuarios de Catholic.net.
Si todavía no ha enviado su donativo, por favor, ¡piénselo!
Como ya sabe, Catholic.net es un medio que vive principalmente de los donativos de sus usuarios, muchos de los cuales no pueden permitirse aportar económicamente. ¡Por esto todos contamos plenamente con la generosidad de los usuarios que pueden apoyar!
Le recordamos cómo enviar un donativo:
- con tarjeta de crédito, a través de:
http://donations.catholic.net/donativos/
- por transferencia bancaria o cheque: puede encontrar las instrucciones correspondientes en la misma Web.
Reciba un saludo muy cordial de todo el equipo de Catholic.net.
Rosália Tenório
Catholic.net
- - - - - - -
Srs: Catholic.net.
Soy el Hno Miguel , de la naciente congregación, Siervos de Jesús de la Caridad, rama masculina de las Siervas de Jesús, Congregación fundada hace 130 años por Santa Maria Josefa del Corazón de Jesús, en Bilbao, España.
Nestra misión son, la salud, en atención a pacientes en domicilio, hospitales , clínicas, u hogares de Ancianos.....
Ns es muy dificil en estos momentos poder colaborarles en donativos, no manejamos dinero, bajo modalidades de cuentas bancarias , ni tarjetas de créditos, todo el patrimonio que podamos tener es a base de donativos que los pacientes o enfermos nos puedan colaborar,
Para nosotros ha sido muy eficaz las páginas del "Catholic . net " pues nos ha serido para que nos conozcan a travez del mundo, y lograr algunas vocaciones de otros paises. Aemas en los foros que tienen uno puede, ayudar a dar soluciones a quienes lo necesitan, segun sea el caso, o por lo menos dar una opinión.
Se que es dificil en estos momentos de crisis mundial...... se tambien que hay prioridades y que la páginas no subsistira sin los aportes que se puedan hacer, pero tambien, se, que ay algnas instituciones, como nosotros que necesitamos estar en conección con la red.....
Sin mas, y esperando sepan comprender nuestra situación , por el momento, ya llegara el momento en que podamos tambien aportar con un granito de arena a este portal.
Dios les bendiga mucho y unidos en la oración.
Hno Miguel Gonález C. sjc
Colombia - Chile.
- - - - - - -
Mis muy estimados y queridos trabajadores que llevan adelante esta
importantísima institución (catholic.net). Soy Ministro de la Eucaristía y
la Palabra. Esto implica hacer celebración de la palabra en distintas
capillas de mi comunidad, llevar la Eucaristía a los enfermos y ayuda
espiritual y contención a las familias.
Esto es parte de mi apostolado al que amo profundamente. Para llevar a cabo
esta gracia que me regala el Señor. Me nutro de toda la información que
encuentro en esta página que ustedes tan generosamente me acercan.
También como tantos mi situación económica en los últimos meses se a puesto
complicada a tal punto que estoy trabajando mitad de jornada y en
consecuencia mitad de honorario por lo que se me hace casi imposible poder
colaborar económicamente para el sostenimiento de tan ardua labor que están
realizando para el sostenimiento de catholic.net.
Dios quiera, y así lo pido todo los días que podamos salir todos adelante y
entre todos colaborar en el sostenimiento.
Pido al gran Dios que nos ayude a todos y que muy pronto mi comunicación
con ustedes sea para donar aunque sea lo que ustedes con tanta humildad esta
solicitando.
Que Dios bendiga todas las almas que trabajan en catholic.net, un abrazo en
Xto Jesús y María Santísima.
Delis Norberto Rougier
- - - - - - -
Estimada Rosália Tenorio
Reciba un saludo muy cordial de Norma Alicia Palma. He estado recibiendo los mensajes de catholic.net y la verdad es que se me estruja el corazón decirle que no puedo mandarles un donativo no uso y no tengo tarjetas de crédito, ni siquiera tengo un trabajo con salario. Soy una mujer indígena de la cultura Rarámuri,vivo en una comunidad lejana, al suroeste del estado de Chihuahua. estoy trabajando como maestra voluntaria en mi comunidad con niños de 4 a 12 años, actualmente tengo 53 niños a mi cargo y he echo lo posible por guiarlos al buen camino que nuestro Dios que es PADRE-MADRE nos ha marcado,algunos ya han recibido su primera comunion y/o confirmacion por un sacerdote que viene cuando puede porque no se da abasto en atender a todas las comunidades; todos los domingos caminamos 3 horas para poder ir a la misa dominical a la iglesia del pueblo y es aqui en el pueblo donde tengo acceso al internet, en la tarde tenemos que caminar otras 3 horas para regresarnos a nuestras comunidades. Los idigenas de acá normalmente todos somos agricultores, lo que más sembramos es maiz y frijol, tenemos la costumbre de que si hemos tenido buena cosecha la compartimos con todos nuestros hermanos y sabemos que Dios PADREyMADRE sabe lo que necesitamos y de una u otra forma nos lo hará llegar. Así como sabe lo que ustedes necesitan buscará manera de hacerles llegar lo que necesitan, mientras tanto seguirémos confiando en DIOS nuestro PADRE-MADRE. Gracias por escucharme, que Dios nos bendiga a todos y que se haga su voluntad.
Norma Alicia Palma
México
- - - - - - -
Señores Catholic.net.
Doy gracias a Dios porque los haya puesto en mi camino a ustedes atravez de la RED INTERNACIONAL DE ORACION DE CATHOLIC.NET. estoy muy agradecida ....
Mchas gracias por las bendiciones recibidas y que ella me permite desconectarme en las mañanas unos minutos de este mundo dia a dia para comunicarme con Dios a travez de de Catholic net.
Les pido disculpas que hasta ahora no he podido cumplir con mi donacion, lo tengo en mi mente todos los dias, lo tengo que hacer, soy pensionista mi pension es pequeña, pero los gastos que tengo que afrontar no me lo permiten, pero eso no hace que deje de dar mi granito de arena para la obra de Dios.
Aqui me tienen tambien pidiendo a Dios todos los dias que provea las necesidades de su obra que toque corazones a los que tienen posibilidades de hacerlo. (NADA ES NUESTRO TODO ES DE DIOS)
Que Dios siga bendiciendo a esta su obra
MariaVillanueva
Peru
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Recuerde que los donativos a Catholic.net procedentes de Estados Unidos son deducibles de impuestos.
Envíe su testimonio escrito a testimonios@donations.catholic.net
(si NO quiere que se publique con su nombre y apellidos, recuerde comunicarlo explícitamente)
¡Catholic.net le necesita!
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Rosália Tenório
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También como tantos mi situación económica en los últimos meses se a puesto
complicada a tal punto que estoy trabajando mitad de jornada y en
consecuencia mitad de honorario por lo que se me hace casi imposible poder
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Dios quiera, y así lo pido todo los días que podamos salir todos adelante y
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Pido al gran Dios que nos ayude a todos y que muy pronto mi comunicación
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solicitando.
Que Dios bendiga todas las almas que trabajan en catholic.net, un abrazo en
Xto Jesús y María Santísima.
Delis Norberto Rougier
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Estimada Rosália Tenorio
Reciba un saludo muy cordial de Norma Alicia Palma. He estado recibiendo los mensajes de catholic.net y la verdad es que se me estruja el corazón decirle que no puedo mandarles un donativo no uso y no tengo tarjetas de crédito, ni siquiera tengo un trabajo con salario. Soy una mujer indígena de la cultura Rarámuri,vivo en una comunidad lejana, al suroeste del estado de Chihuahua. estoy trabajando como maestra voluntaria en mi comunidad con niños de 4 a 12 años, actualmente tengo 53 niños a mi cargo y he echo lo posible por guiarlos al buen camino que nuestro Dios que es PADRE-MADRE nos ha marcado,algunos ya han recibido su primera comunion y/o confirmacion por un sacerdote que viene cuando puede porque no se da abasto en atender a todas las comunidades; todos los domingos caminamos 3 horas para poder ir a la misa dominical a la iglesia del pueblo y es aqui en el pueblo donde tengo acceso al internet, en la tarde tenemos que caminar otras 3 horas para regresarnos a nuestras comunidades. Los idigenas de acá normalmente todos somos agricultores, lo que más sembramos es maiz y frijol, tenemos la costumbre de que si hemos tenido buena cosecha la compartimos con todos nuestros hermanos y sabemos que Dios PADREyMADRE sabe lo que necesitamos y de una u otra forma nos lo hará llegar. Así como sabe lo que ustedes necesitan buscará manera de hacerles llegar lo que necesitan, mientras tanto seguirémos confiando en DIOS nuestro PADRE-MADRE. Gracias por escucharme, que Dios nos bendiga a todos y que se haga su voluntad.
Norma Alicia Palma
México
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Señores Catholic.net.
Doy gracias a Dios porque los haya puesto en mi camino a ustedes atravez de la RED INTERNACIONAL DE ORACION DE CATHOLIC.NET. estoy muy agradecida ....
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Les pido disculpas que hasta ahora no he podido cumplir con mi donacion, lo tengo en mi mente todos los dias, lo tengo que hacer, soy pensionista mi pension es pequeña, pero los gastos que tengo que afrontar no me lo permiten, pero eso no hace que deje de dar mi granito de arena para la obra de Dios.
Aqui me tienen tambien pidiendo a Dios todos los dias que provea las necesidades de su obra que toque corazones a los que tienen posibilidades de hacerlo. (NADA ES NUESTRO TODO ES DE DIOS)
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MariaVillanueva
Peru
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Recuerde que los donativos a Catholic.net procedentes de Estados Unidos son deducibles de impuestos.
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(si NO quiere que se publique con su nombre y apellidos, recuerde comunicarlo explícitamente)
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Un modo nuevo de ver las cosas
Un modo nuevo de ver las cosas
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual LC
No es un mundo que termina, es un mundo que inicia.
Así respondía san Agustín a quienes sufrían angustiados ante la destrucción de Roma y de su imperio.
Sí: la vida nos puede reservar muchas sorpresas. Un terremoto, un golpe de sueño en la carretera, una bomba, y en pocos segundos todo ha cambiado. Quizá perdemos la casa, la salud, o muere algún familiar o amigo. Alguno desearía haber muerto, haber terminado esta etapa terrena, para no tener que afrontar todo lo que inicia tras un imprevisto. Pero seguimos vivos, y Dios nos pregunta: ¿qué vas a hacer ahora?
Dicen que la depresión es una enfermedad cada vez más fuerte en el mundo moderno. Desgracias, derrotas, abandonos, nos martillean y nos hacen verlo todo triste, oscuro. Sin embargo, deberíamos colocar el fracaso en su lugar: se ha cerrado una puerta, pero muchas otras siguen abiertas. La vida continúa.
En cada uno de nosotros se esconden energías insospechadas. Esas energías no se ponen en marcha si no hay un amor que las mueva. Una mujer o un hombre pueden llevar una vida mediocre, oscura, insatisfecha. De repente, un hijo enfermo les hace despertar, y sacan fuerzas que nadie habría imaginado. Pueden pasar horas y días en el hospital, o en casa, en jornadas agotadoras por los ejercicios de rehabilitación. El deseo de vivir y el amor les dan una energía insospechada. Y llegan a ser, de un modo misterioso, casi omnipotentes.
Otros, en cambio, son incapaces de dar un paso adelante. El dolor les paraliza, la tristeza les oprime, la herida les lleva a llorar sin esperanza. El tesoro de energías que se esconde en su espíritu está abandonado, arrumbado, quizá incluso empieza a deshacerse.
Dicen que la vida es darse, es desgastarse. Cada minuto que pasa nos “arruinamos” un poco. El mismo gastarse nos enriquece, si nos hemos “gastado bien”. No todos tenemos claro lo que debemos hacer en cada momento. Pero sí podemos, con los ojos fijos en el cielo, gritarle a Dios y pedir un poco de su luz y de su amor.
Con su compañía se hace fácil y llevadero el camino, y todo adquiere un color especial, distinto, nuevo. Nuestros ojos se hacen frescos como los de un niño que admira, por vez primera, la lluvia que forma burbujas en el suelo, mientras atrás le miran, llenos de esperanza, unos padres que quieren ser, siempre, nuevos y grandes en su amor de esposos.
Preguntas o comentarios al autor P. Fernando Pascual LC
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Catholic.net
Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual LC
No es un mundo que termina, es un mundo que inicia.
Así respondía san Agustín a quienes sufrían angustiados ante la destrucción de Roma y de su imperio.
Sí: la vida nos puede reservar muchas sorpresas. Un terremoto, un golpe de sueño en la carretera, una bomba, y en pocos segundos todo ha cambiado. Quizá perdemos la casa, la salud, o muere algún familiar o amigo. Alguno desearía haber muerto, haber terminado esta etapa terrena, para no tener que afrontar todo lo que inicia tras un imprevisto. Pero seguimos vivos, y Dios nos pregunta: ¿qué vas a hacer ahora?
Dicen que la depresión es una enfermedad cada vez más fuerte en el mundo moderno. Desgracias, derrotas, abandonos, nos martillean y nos hacen verlo todo triste, oscuro. Sin embargo, deberíamos colocar el fracaso en su lugar: se ha cerrado una puerta, pero muchas otras siguen abiertas. La vida continúa.
En cada uno de nosotros se esconden energías insospechadas. Esas energías no se ponen en marcha si no hay un amor que las mueva. Una mujer o un hombre pueden llevar una vida mediocre, oscura, insatisfecha. De repente, un hijo enfermo les hace despertar, y sacan fuerzas que nadie habría imaginado. Pueden pasar horas y días en el hospital, o en casa, en jornadas agotadoras por los ejercicios de rehabilitación. El deseo de vivir y el amor les dan una energía insospechada. Y llegan a ser, de un modo misterioso, casi omnipotentes.
Otros, en cambio, son incapaces de dar un paso adelante. El dolor les paraliza, la tristeza les oprime, la herida les lleva a llorar sin esperanza. El tesoro de energías que se esconde en su espíritu está abandonado, arrumbado, quizá incluso empieza a deshacerse.
Dicen que la vida es darse, es desgastarse. Cada minuto que pasa nos “arruinamos” un poco. El mismo gastarse nos enriquece, si nos hemos “gastado bien”. No todos tenemos claro lo que debemos hacer en cada momento. Pero sí podemos, con los ojos fijos en el cielo, gritarle a Dios y pedir un poco de su luz y de su amor.
Con su compañía se hace fácil y llevadero el camino, y todo adquiere un color especial, distinto, nuevo. Nuestros ojos se hacen frescos como los de un niño que admira, por vez primera, la lluvia que forma burbujas en el suelo, mientras atrás le miran, llenos de esperanza, unos padres que quieren ser, siempre, nuevos y grandes en su amor de esposos.
Preguntas o comentarios al autor P. Fernando Pascual LC
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Catholic.net
Aquí estoy Señor para hacer Tu Voluntad
Aquí estoy Señor para hacer Tu Voluntad
Fuente: Catholic.net
Autor: Ma. esther De Ariño
En la Presencia de Jesús Sacramentado
DEL SALMO 39
Hoy la mañana tiene un olor nuevo, está fresca y el cielo es de un azul purísimo. Parece anunciar que el invierno empieza a alejarse, el aire es más tibio, los pájaros pían gozosos adelantando primavera y mí alma se me queda en suspenso al llegar hasta tí, Señor, para este nuevo encuentro, porque hay algo que me turba...hay un gran contraste en el nuevo despertar de este hermoso día con el velo de tristeza que cubre mi corazón. Me parecía que el invierno, los nublados, los días sin sol estaban más acordes con mi pena... y ahora que todo tiene más luz, más alegría, me cuesta más ofrecerte mi corazón adolorido y decirte : "Aqui estoy, Señor para hacer tu voluntad"...
Porque hacer tu voluntad implica hacer y ser como tu quieres y permanecer en Ti pase lo que pase... y así decimos en la oración del Padrenuestro y así se lo dijiste Tu a tu amado Padre en el Huerto de los Olivos, "que se haga Tu voluntad y no la mía".
Muchas veces en el silencio de la Capilla quise atravesar la puerta del Sagrario con mis ojos llenos de lágrimas y poder ver tu rostro amoroso y rogarte en una súplica desesperada : ¡Jesús, ten piedad, Señor ten piedad!.
Tú me mirabas y sentías pena por mí... lo se Jesús, porque te dolía mi dolor, porque me veías con la esperanza puesta en Ti... ¡en quién sino, Señor!, pero sabías que las cosas no iban a se así.... y no fueron.
Fueron como Tu sabías desde siempre, que iban a ser.
Tu que nunca te equivocas, nosotros si. Tu que siempre hiciste la voluntas del Padre sabías que la voluntad del Padre, en sus designios misteriosos, eran... y aquí estoy hoy ,Señor, de rodillas para decirte "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad" Esa voluntad tuya que a veces nos cuesta tanto entender y hacer.
Salmo 39 "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé en el Señor con gran confianza. Él se inclinó hacia mi y escuchó mis plegarias. Él me puso en la boca un canto, un himno a nuestro Dios: Aquí estoy, Señor , para hacer tu voluntad.
Esa voluntad donde para cumplirla y acatarla hay que poner el corazón adolorido en sus manos y poco a poco el dolor se va suavizando, se va aquietando, va llegando el bálsamo de la paz. Ya en los ojos solo queda el temblor de las lágrimas que han cesado de correr y los labios repiten una y otra vez "aquí estoy , Señor, para hacer tu voluntad" y se muy bien cual fue tu voluntad y solo quiero pedirte fuerza y ánimo para seguir alabándote, y amándote por siempre. Amén
Preguntas o comentarios al autor Ma. Esther de Ariño
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Catholic.net
Fuente: Catholic.net
Autor: Ma. esther De Ariño
En la Presencia de Jesús Sacramentado
DEL SALMO 39
Hoy la mañana tiene un olor nuevo, está fresca y el cielo es de un azul purísimo. Parece anunciar que el invierno empieza a alejarse, el aire es más tibio, los pájaros pían gozosos adelantando primavera y mí alma se me queda en suspenso al llegar hasta tí, Señor, para este nuevo encuentro, porque hay algo que me turba...hay un gran contraste en el nuevo despertar de este hermoso día con el velo de tristeza que cubre mi corazón. Me parecía que el invierno, los nublados, los días sin sol estaban más acordes con mi pena... y ahora que todo tiene más luz, más alegría, me cuesta más ofrecerte mi corazón adolorido y decirte : "Aqui estoy, Señor para hacer tu voluntad"...
Porque hacer tu voluntad implica hacer y ser como tu quieres y permanecer en Ti pase lo que pase... y así decimos en la oración del Padrenuestro y así se lo dijiste Tu a tu amado Padre en el Huerto de los Olivos, "que se haga Tu voluntad y no la mía".
Muchas veces en el silencio de la Capilla quise atravesar la puerta del Sagrario con mis ojos llenos de lágrimas y poder ver tu rostro amoroso y rogarte en una súplica desesperada : ¡Jesús, ten piedad, Señor ten piedad!.
Tú me mirabas y sentías pena por mí... lo se Jesús, porque te dolía mi dolor, porque me veías con la esperanza puesta en Ti... ¡en quién sino, Señor!, pero sabías que las cosas no iban a se así.... y no fueron.
Fueron como Tu sabías desde siempre, que iban a ser.
Tu que nunca te equivocas, nosotros si. Tu que siempre hiciste la voluntas del Padre sabías que la voluntad del Padre, en sus designios misteriosos, eran... y aquí estoy hoy ,Señor, de rodillas para decirte "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad" Esa voluntad tuya que a veces nos cuesta tanto entender y hacer.
Salmo 39 "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Esperé en el Señor con gran confianza. Él se inclinó hacia mi y escuchó mis plegarias. Él me puso en la boca un canto, un himno a nuestro Dios: Aquí estoy, Señor , para hacer tu voluntad.
Esa voluntad donde para cumplirla y acatarla hay que poner el corazón adolorido en sus manos y poco a poco el dolor se va suavizando, se va aquietando, va llegando el bálsamo de la paz. Ya en los ojos solo queda el temblor de las lágrimas que han cesado de correr y los labios repiten una y otra vez "aquí estoy , Señor, para hacer tu voluntad" y se muy bien cual fue tu voluntad y solo quiero pedirte fuerza y ánimo para seguir alabándote, y amándote por siempre. Amén
Preguntas o comentarios al autor Ma. Esther de Ariño
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Catholic.net
mercoledì 4 febbraio 2009
¡Ese octavo de los Romanos! La página cumbre de Pablo
59. ¡Ese octavo de los Romanos! La página cumbre de Pablo
Fuente: Catholic.net
Autor: Pedro García Misionero Claretiano
El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008 al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que Dios regaló a la Iglesia naciente.
En las meditaciones de los lunes y miércoles realizaremos un modesto programa que pretende dar a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite a todos. Pedro García Misionero Claretiano.
________________________________
¡Cuántas veces en nuestras pláticas hemos traído citas y más citas del capítulo octavo de la Carta a los Romanos! Es inagotable su riqueza. Hoy nos vamos a entretener sólo con esa página que constituye la cumbre de los escritos de Pablo.
Empezó Pablo la carta exponiendo la tragedia del pecado. Pero viene ahora la respuesta de Dios, y Pablo le asegura al cristiano:
“El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece. Pero si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo haya muerto a causa del pecado, su alma está viva a causa de la santidad. Y si el Espíritu Santo que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, ese mismo Espíritu resucitará un día sus cuerpos mortales”.
¡Qué ánimo infunden estas palabras! ¿Hay que morir? Pues, ¡a morir!... Porque si resucitó Cristo, Cabeza nuestra, resucitaremos también nosotros. Y resucitaremos para no morir más, como Jesús, que, como ha dicho antes Pablo, “resucitando de entre los muertos, Cristo ya no muere más; con su cuerpo resucitado vive para Dios, eternamente como Dios” (Ro 6,9-10)
Pasa Pablo después a decirnos algo grande, bello, consolador:
No han recibido un espíritu de esclavos, para vivir con temor, sino que han recibido el espíritu de hijos, unos hijos adoptivos, pero verdaderos, espíritu que nos hace exclamar: ¡Abbá! ¡Padre! ¡Papá!...
Esto es sublime. ¿Podía cabernos en la cabeza el llamar así a Dios, Padre, Papá?... Pablo ha conservado aquí la palabra aramea “Abbá”, equivalente a nuestro cariñoso “Papá”.
Así llamaba Jesús a Dios su Padre. Así nos enseñó a llamarlo nosotros con la primera palabra del Padrenuestro: ¡Papá! ¡Papá!...
¿Ha sido esta una ocurrencia de Pablo? No. El mismo Pablo nos asegura que esa manera de orar nos la está dictando, sin nosotros darnos cuenta, el mismo Espíritu Santo:
Nosotros no sabemos cómo rezar; pero viene entonces el Espíritu Santo en ayuda nuestra, y es Él quien ora en nosotros con suspiros inefables, que nosotros mismos somos incapaces de expresar…
Sigue Pablo con otra afirmación colosal:
Si somos hijos, somos también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo. Hemos padecido con Él, pues con Él seremos también glorificados... Dios es muy rico; tiene una herencia inmensa, ¿y para quién va a ser la herencia, esa su Gloria, ese su Cielo? ¿A quién se la ha dejado Dios como en testamento? ¡Pues, a los hijos!
Y Pablo señala con precisión magnífica:
¿Qué hijos? Ante todo, Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios, al que le dijo en la Ascensión: “¡Ven aquí, y siéntate a mi derecha! Te constituyo heredero universal” (Hb 1,2)
Jesucristo sabía que esto iba a ser así, y por eso le pidió al Padre antes de ir a la muerte:
Quiero que donde yo esté estén también estos mis hermanos que tú me diste, para que contemplen y tengan mi misma gloria (Jn 17,24).
La herencia de Dios, que es su Gloria, es para nosotros, los hijos e hijas de Dios.
Pablo, sin embargo, sabe lo que nos espera mientras estamos en el mundo: trabajo, su-frimiento, deberes costosos, todo eso que constituye nuestra cruz.
Pero, ¿hay que temer la cruz? No, porque todo eso es la participación de los sufrimientos de Jesucristo Crucificado.
Llevados gozosamente en unión con Jesús, Pablo los ve como la aportación voluntaria que hacemos a la obra del Señor, y nos dice:
¡Animo! Si padecemos con Jesús, con Él seremos también glorificados…
Por otra parte, Dios es tan sabio y tan providente, que esos sufrimientos, igual que los acontecimientos que no acabamos de entender, “Dios los orienta de manera que todos sirvan para el bien y la salvación de los elegidos”.
Pablo se está elevando cada vez más en esta página imponderable. Y llega a meterse en la intimidad eterna de Dios, que dio un vistazo a la creación que iba a salir de sus manos. Vio una multitud de hombres y mujeres, en medio de los cuales estaba su Hijo que se iba a encarnar y hacerse uno de ellos, y se dijo:
A todos estos que contemplo, a todos los predestino; todos quedan elegidos para ser como mi Hijo;
a todos los llamo;
a todos los santifico;
a todos los he de glorificar…
Éste fue el plan grandioso de Dios. Sólo quedarían fuera de la salvación los que no quisieran ser de Dios ni aceptaran a Jeucristo, al que Dios iba a enviar para la salvación de todos.
Llegado a este punto Pablo, empiezan sus exclamaciones triunfales. Y la primera es ésta:
Ante esto, ¿qué diremos? ¿Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”… Si Dios, por salvarnos, no dudó en entregar su propio Hijo a la muerte, ¿qué le importa darnos todo lo demás, si todo junto no vale nada ante su Hijo Jesús?...
Y ante el miedo que pudiéramos sentir por nosotros mismos, Pablo sigue con energía:
¿Piensan que va a acusarnos Dios por nuestros pecados anteriores, el Dios que mandó a su Hijo a la muerte por salvarnos?...
¿Creen que Jesucristo, el que murió por nosotros, nos va a juzgar para condenarnos?... ¡Imposible, imposible del todo!
Pablo acaba de la manera más grandiosa, más apasionante, más enardecedora, con una protesta de amor como no se encuentra una semejante en toda la Biblia:
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?... En todas estas cosas salimos más que vencedores gracias a Aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni espíritus enemigos, ni criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús Señor nuestro.
Pablo se nos ha revelado hoy en la cumbre de su pensamiento y de su amor.
Esta capítulo octavo a los Romanos no cansa el leerlo.
Nos asombra su profundidad.
Nos enciende el corazón.
Nos entusiasma hasta el delirio.
Nos apasiona por Jesús…
¿Qué nos queda a nosotros cuando lo leemos?...
Pensar también, y amar. Lo demás, importa poco…
Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección.
Y en www.evangelicemos.net
Preguntas o comentarios al autor P. Pedro García Cmf
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Catholic.net
Fuente: Catholic.net
Autor: Pedro García Misionero Claretiano
El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008 al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que Dios regaló a la Iglesia naciente.
En las meditaciones de los lunes y miércoles realizaremos un modesto programa que pretende dar a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite a todos. Pedro García Misionero Claretiano.
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¡Cuántas veces en nuestras pláticas hemos traído citas y más citas del capítulo octavo de la Carta a los Romanos! Es inagotable su riqueza. Hoy nos vamos a entretener sólo con esa página que constituye la cumbre de los escritos de Pablo.
Empezó Pablo la carta exponiendo la tragedia del pecado. Pero viene ahora la respuesta de Dios, y Pablo le asegura al cristiano:
“El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece. Pero si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo haya muerto a causa del pecado, su alma está viva a causa de la santidad. Y si el Espíritu Santo que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, ese mismo Espíritu resucitará un día sus cuerpos mortales”.
¡Qué ánimo infunden estas palabras! ¿Hay que morir? Pues, ¡a morir!... Porque si resucitó Cristo, Cabeza nuestra, resucitaremos también nosotros. Y resucitaremos para no morir más, como Jesús, que, como ha dicho antes Pablo, “resucitando de entre los muertos, Cristo ya no muere más; con su cuerpo resucitado vive para Dios, eternamente como Dios” (Ro 6,9-10)
Pasa Pablo después a decirnos algo grande, bello, consolador:
No han recibido un espíritu de esclavos, para vivir con temor, sino que han recibido el espíritu de hijos, unos hijos adoptivos, pero verdaderos, espíritu que nos hace exclamar: ¡Abbá! ¡Padre! ¡Papá!...
Esto es sublime. ¿Podía cabernos en la cabeza el llamar así a Dios, Padre, Papá?... Pablo ha conservado aquí la palabra aramea “Abbá”, equivalente a nuestro cariñoso “Papá”.
Así llamaba Jesús a Dios su Padre. Así nos enseñó a llamarlo nosotros con la primera palabra del Padrenuestro: ¡Papá! ¡Papá!...
¿Ha sido esta una ocurrencia de Pablo? No. El mismo Pablo nos asegura que esa manera de orar nos la está dictando, sin nosotros darnos cuenta, el mismo Espíritu Santo:
Nosotros no sabemos cómo rezar; pero viene entonces el Espíritu Santo en ayuda nuestra, y es Él quien ora en nosotros con suspiros inefables, que nosotros mismos somos incapaces de expresar…
Sigue Pablo con otra afirmación colosal:
Si somos hijos, somos también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo. Hemos padecido con Él, pues con Él seremos también glorificados... Dios es muy rico; tiene una herencia inmensa, ¿y para quién va a ser la herencia, esa su Gloria, ese su Cielo? ¿A quién se la ha dejado Dios como en testamento? ¡Pues, a los hijos!
Y Pablo señala con precisión magnífica:
¿Qué hijos? Ante todo, Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios, al que le dijo en la Ascensión: “¡Ven aquí, y siéntate a mi derecha! Te constituyo heredero universal” (Hb 1,2)
Jesucristo sabía que esto iba a ser así, y por eso le pidió al Padre antes de ir a la muerte:
Quiero que donde yo esté estén también estos mis hermanos que tú me diste, para que contemplen y tengan mi misma gloria (Jn 17,24).
La herencia de Dios, que es su Gloria, es para nosotros, los hijos e hijas de Dios.
Pablo, sin embargo, sabe lo que nos espera mientras estamos en el mundo: trabajo, su-frimiento, deberes costosos, todo eso que constituye nuestra cruz.
Pero, ¿hay que temer la cruz? No, porque todo eso es la participación de los sufrimientos de Jesucristo Crucificado.
Llevados gozosamente en unión con Jesús, Pablo los ve como la aportación voluntaria que hacemos a la obra del Señor, y nos dice:
¡Animo! Si padecemos con Jesús, con Él seremos también glorificados…
Por otra parte, Dios es tan sabio y tan providente, que esos sufrimientos, igual que los acontecimientos que no acabamos de entender, “Dios los orienta de manera que todos sirvan para el bien y la salvación de los elegidos”.
Pablo se está elevando cada vez más en esta página imponderable. Y llega a meterse en la intimidad eterna de Dios, que dio un vistazo a la creación que iba a salir de sus manos. Vio una multitud de hombres y mujeres, en medio de los cuales estaba su Hijo que se iba a encarnar y hacerse uno de ellos, y se dijo:
A todos estos que contemplo, a todos los predestino; todos quedan elegidos para ser como mi Hijo;
a todos los llamo;
a todos los santifico;
a todos los he de glorificar…
Éste fue el plan grandioso de Dios. Sólo quedarían fuera de la salvación los que no quisieran ser de Dios ni aceptaran a Jeucristo, al que Dios iba a enviar para la salvación de todos.
Llegado a este punto Pablo, empiezan sus exclamaciones triunfales. Y la primera es ésta:
Ante esto, ¿qué diremos? ¿Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”… Si Dios, por salvarnos, no dudó en entregar su propio Hijo a la muerte, ¿qué le importa darnos todo lo demás, si todo junto no vale nada ante su Hijo Jesús?...
Y ante el miedo que pudiéramos sentir por nosotros mismos, Pablo sigue con energía:
¿Piensan que va a acusarnos Dios por nuestros pecados anteriores, el Dios que mandó a su Hijo a la muerte por salvarnos?...
¿Creen que Jesucristo, el que murió por nosotros, nos va a juzgar para condenarnos?... ¡Imposible, imposible del todo!
Pablo acaba de la manera más grandiosa, más apasionante, más enardecedora, con una protesta de amor como no se encuentra una semejante en toda la Biblia:
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?... En todas estas cosas salimos más que vencedores gracias a Aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni espíritus enemigos, ni criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús Señor nuestro.
Pablo se nos ha revelado hoy en la cumbre de su pensamiento y de su amor.
Esta capítulo octavo a los Romanos no cansa el leerlo.
Nos asombra su profundidad.
Nos enciende el corazón.
Nos entusiasma hasta el delirio.
Nos apasiona por Jesús…
¿Qué nos queda a nosotros cuando lo leemos?...
Pensar también, y amar. Lo demás, importa poco…
Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección.
Y en www.evangelicemos.net
Preguntas o comentarios al autor P. Pedro García Cmf
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Catholic.net
martedì 3 febbraio 2009
Hijos y herederos. ¿Valoramos lo que somos?
58. Hijos y herederos. ¿Valoramos lo que somos?
Fuente: Catholic.net
Autor: Pedro García Misionero Claretiano
El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008 al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que Dios regaló a la Iglesia naciente.
En las meditaciones de los lunes y miércoles realizaremos un modesto programa que pretende dar a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite a todos. Pedro García Misionero Claretiano.
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En la carta tan excepcional del Pablo a los Romanos leemos un párrafo que es de lo mejor que salió de su pluma, cuando nos dice:
“Todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor; sino que han recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El mismo Espíritu Santo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios.
Y, si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que compartimos sus sufrimientos, para ser también con él glorificados. Y estos sufrimientos actuales no se pueden comparar con la gloria que se ha de maniestar en nosotros” (Ro 8,14-18)
Vale la pena pensar reposadamente en estas palabras grandiosas de Pablo.
Vernos amados de Dios como hijos e hijas es la dicha más grande.
Y saber que nuestro Padre es nada menos que Dios es el mayor orgullo…
La primera palabra es orientadora y exigente:
“Todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”.
El cristiano se demuestra hijo o hija de Dios porque se deja llevar por el Espíritu Santo. Es decir, no hace caso de las pasiones que le arrastran al mal, sino que aspira siempre a agradar a Dios su Padre, como lo hacía el mismo Jesús.
¿Es por eso triste la vida del cristiano, al no seguir las corrientes del mundo? ¡Oh, eso sí que no!... Porque el cristiano es el ser más libre que existe.
Pablo nos lo ha dicho con estas palabras:
“Ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor; sino que han recibido un espíritu de hijos adoptivos”.
El miedo del esclavo no es cristiano, aunque sea muy cristiano el temor reverente a Dios, nuestro Padre. El cristiano sabe que Dios es su Padre, no pierde la confianza en la adversidad, y reacciona siempre diciendo: “¡Bendito sea Dios! ¡Que se cumpla su voluntad!”...
Hasta en la misma culpa, le habla a Dios con un humilde “¡Padre, perdóname!”...
Pablo nos da ahora la palabra clave y que lo encierra todo:
“Somos hijos adoptivos, y podemos exclamar: ¡Abbá, Padre!”
No podemos encontrar en toda la Biblia una expresión con mayor ternura. Con toda confianza llamamos a Dios: “¡Papá!”.
¿Qué significa esto? En arameo, lengua que hablaba Jesús, “Abbá” era decir “Papá”, la expresión que emplea al niño para dirigirse a su padre. Jesús la puso en nuestros labios al dictarnos su oración del Padre nuestro.
Y quiso que nosotros llamáramos a Dios con la misma palabra tierna con que lo llamaba Él, su Hijo natural, el Hijo de Dios hecho Hombre.
Los primeros cristianos, como lo hace Pablo ahora, unían las dos palabras -la aramea “Abbá” y la griega o latina “Padre”- para volcar en la última toda la ternura del amor con que queremos a Dios, el cual es nuestro Padre, nuestro Papá…
Esto nos lo dicta nuestro mismo espíritu, nuestro sentimiento de hijos. Pero a ese nuestro espíritu se le une otro Espíritu, muy diferente del nuestro, e infinitamente superior a nosotros, que nos empuja a llamar así a Dios, ¡Padre, Papá!, como nos asegura San Pablo:
“El mismo Espíritu Santo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios”.
Aunque adoptados, somos hijos verdaderos, engendrados por Dios en el bautismo, con el que nos ha comunicado su vida divina. Ahora Pablo nos expresa el designio último de Dios:
“Y, si somos hijos, también somos herederos”.
Dios es un Padre y un propietario muy rico, infinitamente rico. Porque la riqueza de Dios, el Padre y el Dueño de todo, es el mismo Dios, es su misma gloria, la que Él posee desde toda la eternidad.
Es la gloria que Dios Padre dio a su Hijo el Resucitado después de su pasión y muerte en la cruz, como se lo había pedido el mismo Jesús:
“Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la misma gloria que tenía a tu lado antes de que el mundo existiera” (Jn 17,5)
Pues esa herencia, la misma de Jesús, es la que Dios nuestro Padre da a cada uno de sus hijos e hijas, que somos nosotros, y así nos lo dice ahora Pablo:
“Somos herederos de Dios y coherederos con Cristo”.
Es cierto. El gran heredero, el primero de todos, es el Hijo primogénito. Pero no es Jesús el heredero único. Porque Dios tiene muchos hijos e hijas, y a cada uno le toca su buena parte en la herencia. El Cielo de Jesús va a ser el mismo Cielo nuestro.
¿Nos va a costar algo el hacernos con la herencia de Dios?... La herencia es gratuita. Pero Dios nos pide la colaboración de unirnos al Jesús que muere por nosotros.
“Seremos herederos si es que compartimos sus sufrimientos, los de Cristo, para ser también con él glorificados…
“Aunque los sufrimientos actuales no se pueden comparar con la gloria que se ha de manifestar en nosotros”.
¿Qué decimos de semejante párrafo de la carta a los Romanos?... Hay para pensar. Hay para soñar. Hay para esperar. Hay para entusiasmarse…
Hijos e hijas de Dios… ¡Como quien no dice nada!
Dios es mi Padre, mi Papá… ¡Así lo llamaba Jesús! ¡Así lo llamamos nosotros!
Dios, su gloria eterna, la herencia de Jesús, el Hijo… ¡Vaya inmensidad de herencia!
Dios, el mismo Dios, nuestra herencia de hijos, los hermanos de Jesús…
Ante tales promesas y ante una seguridad semejante, significan muy poco los contratiempos actuales, las pequeñeces que nos pueden venir encima...
Además. Sentirse amados de Dios como hijos…
amar a Dios como Padre amoroso… esperar una herencia eterna tan espléndida…
¿No es esto lo que salvaría a tantos desesperados del mundo de hoy?...
Todo esto nos dice Pablo en el punto culminante de sus cartas. ¿Vale la pena ser unos bautizados, ser cristianos, para sentirse unos hijos y unos herederos de semejante categoría?...
Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección.
Y en www.evangelicemos.net
Preguntas o comentarios al autor P. Pedro García Cmf
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Catholic.net
Fuente: Catholic.net
Autor: Pedro García Misionero Claretiano
El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008 al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el Bimilenario del nacimiento de Pablo, el hombre más providencial que Dios regaló a la Iglesia naciente.
En las meditaciones de los lunes y miércoles realizaremos un modesto programa que pretende dar a conocer la vida del Apóstol y exponer en forma sencilla la doctrina cristiana de sus cartas inmortales, las catorce clásicas, incluida la de los Hebreos, la cual contiene claramente de principio a fin el pensamiento paulino, y encontrar por nosotros mismos las enseñanzas que Pablo nos transmite a todos. Pedro García Misionero Claretiano.
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En la carta tan excepcional del Pablo a los Romanos leemos un párrafo que es de lo mejor que salió de su pluma, cuando nos dice:
“Todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor; sino que han recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El mismo Espíritu Santo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios.
Y, si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que compartimos sus sufrimientos, para ser también con él glorificados. Y estos sufrimientos actuales no se pueden comparar con la gloria que se ha de maniestar en nosotros” (Ro 8,14-18)
Vale la pena pensar reposadamente en estas palabras grandiosas de Pablo.
Vernos amados de Dios como hijos e hijas es la dicha más grande.
Y saber que nuestro Padre es nada menos que Dios es el mayor orgullo…
La primera palabra es orientadora y exigente:
“Todos los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”.
El cristiano se demuestra hijo o hija de Dios porque se deja llevar por el Espíritu Santo. Es decir, no hace caso de las pasiones que le arrastran al mal, sino que aspira siempre a agradar a Dios su Padre, como lo hacía el mismo Jesús.
¿Es por eso triste la vida del cristiano, al no seguir las corrientes del mundo? ¡Oh, eso sí que no!... Porque el cristiano es el ser más libre que existe.
Pablo nos lo ha dicho con estas palabras:
“Ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor; sino que han recibido un espíritu de hijos adoptivos”.
El miedo del esclavo no es cristiano, aunque sea muy cristiano el temor reverente a Dios, nuestro Padre. El cristiano sabe que Dios es su Padre, no pierde la confianza en la adversidad, y reacciona siempre diciendo: “¡Bendito sea Dios! ¡Que se cumpla su voluntad!”...
Hasta en la misma culpa, le habla a Dios con un humilde “¡Padre, perdóname!”...
Pablo nos da ahora la palabra clave y que lo encierra todo:
“Somos hijos adoptivos, y podemos exclamar: ¡Abbá, Padre!”
No podemos encontrar en toda la Biblia una expresión con mayor ternura. Con toda confianza llamamos a Dios: “¡Papá!”.
¿Qué significa esto? En arameo, lengua que hablaba Jesús, “Abbá” era decir “Papá”, la expresión que emplea al niño para dirigirse a su padre. Jesús la puso en nuestros labios al dictarnos su oración del Padre nuestro.
Y quiso que nosotros llamáramos a Dios con la misma palabra tierna con que lo llamaba Él, su Hijo natural, el Hijo de Dios hecho Hombre.
Los primeros cristianos, como lo hace Pablo ahora, unían las dos palabras -la aramea “Abbá” y la griega o latina “Padre”- para volcar en la última toda la ternura del amor con que queremos a Dios, el cual es nuestro Padre, nuestro Papá…
Esto nos lo dicta nuestro mismo espíritu, nuestro sentimiento de hijos. Pero a ese nuestro espíritu se le une otro Espíritu, muy diferente del nuestro, e infinitamente superior a nosotros, que nos empuja a llamar así a Dios, ¡Padre, Papá!, como nos asegura San Pablo:
“El mismo Espíritu Santo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios”.
Aunque adoptados, somos hijos verdaderos, engendrados por Dios en el bautismo, con el que nos ha comunicado su vida divina. Ahora Pablo nos expresa el designio último de Dios:
“Y, si somos hijos, también somos herederos”.
Dios es un Padre y un propietario muy rico, infinitamente rico. Porque la riqueza de Dios, el Padre y el Dueño de todo, es el mismo Dios, es su misma gloria, la que Él posee desde toda la eternidad.
Es la gloria que Dios Padre dio a su Hijo el Resucitado después de su pasión y muerte en la cruz, como se lo había pedido el mismo Jesús:
“Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la misma gloria que tenía a tu lado antes de que el mundo existiera” (Jn 17,5)
Pues esa herencia, la misma de Jesús, es la que Dios nuestro Padre da a cada uno de sus hijos e hijas, que somos nosotros, y así nos lo dice ahora Pablo:
“Somos herederos de Dios y coherederos con Cristo”.
Es cierto. El gran heredero, el primero de todos, es el Hijo primogénito. Pero no es Jesús el heredero único. Porque Dios tiene muchos hijos e hijas, y a cada uno le toca su buena parte en la herencia. El Cielo de Jesús va a ser el mismo Cielo nuestro.
¿Nos va a costar algo el hacernos con la herencia de Dios?... La herencia es gratuita. Pero Dios nos pide la colaboración de unirnos al Jesús que muere por nosotros.
“Seremos herederos si es que compartimos sus sufrimientos, los de Cristo, para ser también con él glorificados…
“Aunque los sufrimientos actuales no se pueden comparar con la gloria que se ha de manifestar en nosotros”.
¿Qué decimos de semejante párrafo de la carta a los Romanos?... Hay para pensar. Hay para soñar. Hay para esperar. Hay para entusiasmarse…
Hijos e hijas de Dios… ¡Como quien no dice nada!
Dios es mi Padre, mi Papá… ¡Así lo llamaba Jesús! ¡Así lo llamamos nosotros!
Dios, su gloria eterna, la herencia de Jesús, el Hijo… ¡Vaya inmensidad de herencia!
Dios, el mismo Dios, nuestra herencia de hijos, los hermanos de Jesús…
Ante tales promesas y ante una seguridad semejante, significan muy poco los contratiempos actuales, las pequeñeces que nos pueden venir encima...
Además. Sentirse amados de Dios como hijos…
amar a Dios como Padre amoroso… esperar una herencia eterna tan espléndida…
¿No es esto lo que salvaría a tantos desesperados del mundo de hoy?...
Todo esto nos dice Pablo en el punto culminante de sus cartas. ¿Vale la pena ser unos bautizados, ser cristianos, para sentirse unos hijos y unos herederos de semejante categoría?...
Puedes encontrar todas las reflexiones anteriores de San Pablo en esta dirección.
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